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martes, 2 de mayo de 2017

Los nazis escondidos


Mis pasos suenan seguros entre las hileras de muertos que se amontonan a mis dos lados. Los cadáveres se han de apilar bien. Brazos, piernas, cabezas, cuerpos sin vida esqueléticos, parecen muñecos duros, en sus rostros muecas de dolor de horror.

Mi paso es seguro en ese pasillo de muerte, con mis manos cogidas detrás de mi espalda y mi abrigo que me cubre hasta las rodillas, miro a mi alrededor, sin ninguna emoción, sólo miro.


Al fondo unos soldados rasos se burlan de unos cadáveres, hacen como si bailaran con ellos, los insultan y se ríen. Les recrimino su actitud, o no? creo que solo lo he pensado, de mis labios no ha surgido ningún comentarios de que sean más respetuosos. En cuanto llego a su lado se cuadran y me saludan, cuando me marcho oigo aún las risas y los insultos, no les he dicho nada, que pensarían de mi, que estoy a favor de los judíos, que tengo simpatía por ellos, podría ser causa de juicio por traición, si los soldados les hubieran contado a mis superiores mi atención hacia los muertos apilados en el patio. 


Es una noche fría, me enciendo un cigarrillo, el humo hace una nube espesa a mi alrededor, hace tiempo que las órdenes que recibo son crueles y sin sentido, las cumplo por miedo y las doy con autoridad para que las apliquen. 


Estamos  perdiendo la guerra y hemos de acabar y matar a todos, el trabajo se amontona.

Ya no hay nadie que me dé indicaciones, estoy solo en mi despacho, el revolver está sobre mi mesa, quizás un tiro en la cabeza acabaría con mi angustia, quizás no? El sabor metálico del miedo y la adrenalina no se marcha de mi boca.


Tengo que huir, hacia donde. Me quito mi uniforme, me visto con ropa de los prisioneros, huyo de noche, sin nada, ni documentación, algo de dinero, nada de comida. 
Tengo miedo, tantos años creándome un futuro en el régimen militar alemán, conseguí tener un puesto de honor, era reconocido por mis compañeros, creía que luchaba por mi país, para defender mi patria, hubo órdenes que no entendía, pero me adiestraron para cumplirlas y hacerlas cumplir, a pesar de que en mi conciencia sabía que aquello no estaba bien.


Lo sabía, pero que podía hacer, quería seguir viviendo y tenía un cargo de poder.


Huyo de noche hacía el próximo pueblo, allí hay una estación de tren, no me reconocerán. Tengo miedo, mi respiración es entrecortada, temo por mi vida y la defiendo con dientes.

 
En la estación hay dos hileras de gente, un control, hay soldados americanos que exigen a todos antes de subir al tren que realicen una maniobran con las manos, no entiendo que significa. En cuanto me voy acercando me doy cuenta que los soldados entrenados realizarían la acción con destreza automática, los civiles no, es una  criba para descubrir soldados nazis escondidos, podré fingir que no lo ser hacer, podré pasar el control.
Llegó a la linea y un soldado me colocar su arma en mi sien, la noto fría y dura, no puedo respirar, el dolor en mi garganta en terrible. 

¿Seré capaz de pasar sin ser descubierto?

Marta Tadeo
Las voces de los fantasmas sin descanso




Los Rojos huyen


      Apostados en un nido junto a nuestra ametralladora oteamos el horizonte en busca de aviones enemigos. Las ráfagas surgen a chorros apuntando a los aviones que nos sobrevuelan. Seguimos órdenes, hace tiempo que ya nos cuestionamos nuestras acciones pero por miedo no decimos nada a nuestros superiores. Sus caras nos reflejan dudas y temor, un nerviosismo que antes no tenían. Hacia nosotros las órdenes son clara, no abandonar nuestro puesto, disparar  a los aviones que nos sobrevuelan. Cada vez tenemos menos armamento y más horas de soledad.
Hasta el último momento continuamos disparando, pero nos quedamos sin balas y nuestros  superiores no dan señales de vida. 

Nos miramos a la cara, sin saber muy bien que decir, mi compañero tiene la fatiga grabada en sus ojos y espera que yo le dé las instrucciones, hace tiempo que dejó de pensar por si mismo, solo cumple órdenes. El cielo lo sobrevuelan unas ocas, en formación triangular.

-Nos tenemos que ir, le digo. 
-¿Y las armas?, me pregunta. 
-Las dejamos, ya no nos sirven.Tenemos que cruzar la frontera, coge tus cosas y marchemos.

Nuestro uniforme está viejo y roto pero es lo único que tenemos de abrigo, por el camino pasamos granjas, en una de ella robamos ropa y algo de comida, estamos hambrientos. Enterramos nuestro uniforme viejo, nos abrigamos con ropa de granjero. Tenemos frío y hambre, miedo y soledad. Lejos nos quedan los días de gloria cuando creíamos y luchábamos por la libertad, cuando pensamos que nuestra lucha era la correcta, que ganaríamos, que el pueblo se alzaría en contra de la opresión. Seguimos más oprimidos que nunca, y hemos perdido la guerra, atrás quedan los discursos de nuestros líderes. Donde se habrán escondido, a Venezuela.

Parece que mi compañero me lee los pensamientos, me pregunta si nos marcharemos a Venezuela, le contesto que no, no tenemos dinero para el trayecto, solo tenemos lo que llevamos puesto y la experiencia de una guerra atroz, las imágenes de muerte han quedado grabadas en nuestra mente y aparecen sin avisar en cualquier momento, incluso el ruido, el olor a sangre, ….
Nos iremos a Francia, cruzaremos la frontera.


Los pueblos parecen fantasmas, la gente anda con bultos en la espalda, niños, ancianos, mujeres arrastran sus bienes, con la cara grabada del horror, con los ojos vidriosos del hambre y del frío. No hay fuerzas para ayudar al que queda rezagado, o sigues o mueres.
Andamos por pueblos vacíos, nos sentimos observados , pero nadie nos acoge. Entramos en un hostal, la mujer nos indica un gesto que la sigamos, está asustada. Nos deja dormir esa noche en el suelo de la cocina, mañana nos tenemos que ir. Agradezco haber aprendido francés para poder entender mínimamente lo que me dice y mis lágrimas brotan de mis ojos, hoy podremos comer y dormir en un lugar caliente, mañana el destino nos dirá.

Marta Tadeo
Las voces de los fantasmas sin descanso

viernes, 16 de diciembre de 2016

El Faro


Me dirigí al Capo Testa en Cerdeña, en busca de las ruinas de una cantera romana. En el camino me perdí, no hallé las ruinas , pero en  su lugar me encontré sumergida en un paisaje lunar, de ensueño, donde un faro se mostraba erguido guiando a los barcos por el  estrecho de Bonifacio. La imagen se me quedó grabada en la retina, a mi alrededor las piedras graníticas formaban un inquietante paraje donde la erosión del aire y el mar durante 300 millones de años, habían esculpido esculturas naturales  únicas en todo el mundo. Parecía un mar caprichoso de piedras, con formas redondeadas y blancas, sin ninguna pauta ni regla, sólo la  tierra había dejado pasar a través suyo al oleaje furioso y al fuerte viento. Una danza preciosa, en un tiempo detenida, a la mirada del ser humano, que vive rápido y que muere pronto. Un baile donde los elementos más duros habían cedido en formas más dulces, lo blando había transformado lo rígido y lo húmedo había perfeccionado los detalles a unos límites de belleza suprema.
Mi mirada se posaba en cada rincón y mis pasos me dirigían entre un laberinto de rocas blancas . 
Allá en lo alto se hallaba el faro, quieto, mudo bajo el sol o la negra noche, guiaba a todos aquellos que necesitaban un punto de referencia, una orientación para no perderse, para no naufragar y continuar su travesía. 
Delante de mí la imponente mole de Córcega se presentaba contundente con sus acantilados de vértigo y su mar en calma.
Me dirigí pensativa hacia el faro, mi mente se fue hacia un símil en las vidas de las personas cuando necesitan  una guía y  una luz para poderse orientar o bien dejarse perder. Y allí continuaba el faro con su luz y su oscuridad.
 Mi mente inquieta me llevó hasta una época en mi vida que ninguna luz  parecía alumbrar mi destino, pérdida rastreaba donde poder apoyarme y descansar, pero no  lograba encontrar el sentido de mi existencia y el alcohol y las drogas no ayudaron en mi despertar.
Subía ensimismada sobre los recuerdos amargos de esos tiempos locos y en cada paso que me dirigía a la cumbre, mi ánimo fue mejorando, mis pies empezaron a correr, como si tuvieran prisa por llegar, dejar atrás el pasado. Mi respiración se fue haciendo más rápida, un sudor cálido empezó a empañar mi espalda y una sonrisa emergió tímida en mi rostro. Corrí, casi sin aliento, hacia arriba, sin mirar atrás y en la cima, una poderosa carcajada surgió de mi interior. Lo había conseguido, por fin, todo mi cuerpo  y mi mente comprendió que era feliz y me gustó.

El faro, solo
alumbra por igual 
a todos.

sábado, 3 de octubre de 2015

Silicia, un baile hermoso




 Aún recuerdo como mi inocencia en aquel viaje hizo posible que te encontrara. Me aventuré a viajar a Sicilia, sin ningún propósito, me llamaba la atención la isla que el Mediterráneo acunaba junto a tres mares más. Tengo en mi mente, como si fuera ayer, la imagen de la niña con trenzas color azabache y ojos brillantes, que durante todo el trayecto en el avión, me enseñaba estampas de santas y vírgenes: Santa Rosalía, Santa Ágata... Cada vez que acababa el relato, en su italiano con acento del sur, le daba un pequeño beso y me miraba para que yo también besara la imagen. Al final del viaje me regaló, por mi sorpresa, la estampa de Santa Rosalía patrona de Palermo, que guardé en un bolsillo de mis pantalones.
  Subí al autobús que me llevaba a la ciudad, cansada y feliz de emprender el viaje. Aún conservo la sensación pegajosa en mi pie derecho al pisar aquel chicle que me hizo detenerme junto a Mariana, quien me invitó sonriente a sentarme a su lado. Una viejecita encantadora que venía de ver a su hijo en Barcelona y que feliz, me explicó que iba a ser abuela de nuevo. Tenía ya siete nietos, repartidos por medio mundo. Me habló de cómo Sicilia, castigada por la mafia y las crisis, se había transformado en una isla viva, con ilusión, y libre de seguir su camino. Me enseñó desde la autopista la casita donde hicieron detonar la bomba que mató a Falcone, el juez que inició el maxiproceso contra la mafia y me explicó como toda la población entendió, en ese momento, que ya era hora de plantar cara a la mafia. Contemplando por la ventanilla las miles de luces que asomaban por el horizonte, me dejé llevar, con un nudo en mi garganta, por las historias que Mariana me explicaba. Cuando llegamos a la plaza Politeama me despedí con un abrazo y ella me bendijo con un beso en la frente.
De camino al hotel me tropecé con la Procesión de Santa Rosalía, y mi corazón saltó de emoción al darme cuenta de la sincronicidad con mi estampita, que acaricié dentro de mi bolsillo. Las luces de las velas, la gente entre rezos y mis dudas sobre lo que estaba presenciando, se sumaron a la alegría de las personas en los restaurantes, a los taxis con sus músicas y la noche con una luna llena que lo abarcaba todo.
Jamás imaginé, que ese sería mi hogar el resto de mi vida y que allí encontraría el amor.
  Sonrío y recuerdo la camisa blanca anudada en mi cintura y mi bolsa colgada de mi hombro, como el sudor empezó a recorrer mi cuerpo y mi pelo dorado se pegó a mi espalda. Capturé la esencia de Palermo, los gestos de sus gentes, los rincones sembrados de historia. Descubrí platos de sabores únicos, rociados de vinos y licores. Comprobé la pobreza que toda ciudad acoge, con sus desventurados y sus miserias.
Conservo íntegro el recuerdo de aquellos días, del calor sofocante y de los baños en un mar turquesa, junto a pueblos y rincones escondidos, parados en el tiempo. Esos amaneceres y atardeceres rojos, ese infinito azul y el aire con sabor a mar.
  Y aún tenía que venir el encuentro contigo junto a la Catedral de Catania. El encuentro con tus rizos negros y tus ojos verdes que me cautivaron para siempre, junto al Elefante de la plaza. Encontré tu mirada y el mundo dejó de existir. Escuché más tarde que cuando una bruja encuentra a su amor, una pequeña descarga azul es la señal de que ese es el amor de su vida… Creo que no puede articular palabra y seguí mi camino turbada por el encuentro.
Allí junto al volcán Etna que despedía humeante su energía, encontré aquello que sin saber andaba buscando, y pude a aprender a tu lado, aquello que ningún maestro te muestra, que ninguna madre puede contarte, aquello que nos hace grandes y pequeños a la vez.

A partir de ahí, fue un baile hermoso donde uno y uno no suman dos sino que reproducen el universo entero.

Marta Tadeo
Escritora, fotógrafa y terapeuta.

domingo, 27 de julio de 2014

Pequeño riachuelo

     

     Había una vez un pequeño riachuelo contento y feliz, orgulloso alardeaba que sus aguas eran las más cristalinas y sabrosas del mundo. 

     Un día un pájaro se posó en una roca cercana a él y se refrescó, el pequeño riachuelo que no conocía al ave, le preguntó: 
- ¿Verdad que mi agua es la más cristalina y sabrosa del mundo?.

     El ave se lo miró curioso y le contestó:
- Cierto, tus aguas son muy frescas pero he bebido de otro riachuelo un agua aún más fresca y pura. 
- ¿ Cómo es posible, dónde está ese riachuelo? Le preguntó irritado el riachuelo.
- Detrás de esas altas montañas donde nace el sol, lo encontrarás. 

     El pájaro se fue volando y nuestro pequeño riachuelo se quedó triste. No se podía imaginar unas aguas mejores a la suyas y la curiosidad empezó a arder en su interior. 

     A la mañana siguiente se acercó al riachuelo una mariposa azul, se posó y sintió que las aguas  del riachuelo estaban algo inquietas y turbulentas. 

     La mariposa le preguntó que le podía ocurrir al ese riachuelo tan bello y puro y el riachuelo le explicó la conversación con el pajáro. 
La mariposa mientras dejaba sus alas al sol le propuso:
- ¿Por qué no vas a conocer a ese otro riachuelo tan fresco y puro y aprendes de él?

     El pequeño riachuelo se puso muy contento, claro podría ir a verlo y así vería por él mismo sus aguas. 
     Así fue como se puso en marcha, el riachuelo bajó la montaña en dirección indicada, feliz de la aventura empezó a ver nuevos paisajes, nuevos animales y se enamoró, con cierto miedo, a cada paso. 

     Al final del día se encontró que estaba estancado en el valle y mirando a lo alto se preguntaba cómo podría subir hacia arriba para cruzar las montañas y sintió que no sería capaz, que no podría subir nunca y empezó a secarse.

     Una nube que estaba cerca lo vió y le preguntó cual era el motivo de su tristeza. El pequeño riachuelo le explicó su dificultad y cual era su propósito. La nube le contestó que si él quería podía viajar en su interior y pasadas las montañas lo dejaría junto al otro riachuelo. 

     Así fué cómo nuestro riachuelo accedió, fue absorbido por la nube y como vapor pudo volar al cielo, y voló por encima de las montañas y bajó junto al riachuelo buscado.

     Cuando se halló a su lado, se maravilló por sus aguas, eran frescas, puras, sabrosas y cristalinas, pudo verse reflejado y se enamoró. Le explicó sus aventuras al riachuelo y lo felicitó por sus aguas. 
     Resultó que el riachuelo también había oído hablar de él y feliz le propuso que juntaran sus aguas para hacer un río con las mejores aguas del mundo y así se formó un río rico y fresco. Sus aguas eran conocidas por otros ríos que se unieron a ellos y formaron entre todos un río maravilloso que proporcionaba la mejor agua, prosperidad y vida por donde transcurría. La leyenda explica que el rió fue llamado Ganges y es venerado como río Sagrado.

Vence tus miedos, alimenta tus ilusiones y compartelo con el mundo. 

Marta Tadeo

domingo, 25 de mayo de 2014

¿Ser o Tener?

     
     Había una vez una niña juguetona, valiente y amada que tenía a su disposición todo un reino y una gran riqueza, para heredar el paraíso sólo tenía que seguir una norma, el príncipe que ella escogiera no podía ser de otro reino. 

     La niña creció feliz hasta que se hizo mujer y se enamoró de un príncipe, valiente, hermoso y sabio pero no era del reino, sus costumbre no eran las mismas, ni su linaje pertenecía a la princesa. 
Suplicó a la madre reina que la dejara poder vivir y casarse con su príncipe extranjero, pero no obtuvo respuesta, la madre reina le dijo que hiciera aquello que mejor lo pareciese.

     De este modo la princesa y el príncipe se casaron y tuvieron hijos, fueron años felices y prósperos y la Princesa olvidó que había vulnerado la norma de la familia y un día sin aviso, cuando el Rey murió la Madre Reina la despojó de todo y la echó del reino.

     Desposeída de todo aquello que conocía y de su linaje, la princesa tuvo que hacerse más fuerte y forjar un nuevo reino. A sus hijos sólo les dió una norma, que nunca obtuvieran dinero ni riquezas, ya que éstas traen la desgracia a la familia. Los hijos fueron fieles y nunca tuvieron más de lo que necesitaron, justo lo necesario para vivir.

     Un día nació una princesita, bisnieta de la Gran Reina, creció con el convencimiento que era rica pero en su hogar reinaba solo un hogar humilde, ¿cómo era posible que se sintiera rica? Descubrió un día que era heredera de un Gran Reino que nunca recibió porque la Reina creía que para Ser había que Tener, y como su hija la había desobedecido le quitó todo para que dejara de Ser.

     La pequeña princesita no entendía esta conjugación, para Ser no hay que Tener, ya que la abuela fue sin tener. Llegó a un conclusión la pequeña princesa y le dijo a la Gran Reina que el Tener es sólo una parte del Ser a su disposición, que la riqueza está al servicio de las personas. 

     Por este motivo la princesa eligió su propio camino en el cual la prosperidad está al servicio de las personas y gracias a la riqueza y la abundancia se podía transformar en Reina de su propio destino, para el mejor bien del Todo y de si misma.

Autora del cuento y la foto: Marta Tadeo


viernes, 28 de febrero de 2014

Una Sirena VIVA

     

     
     
     Esta es la historia de una sirena, un ser fantástico que vivía en las profundidades del mar, junto a sus hermanos y  hermanas de océano. Vivía tranquila, llena de esperanza y de luz pero un día tuvo un sueño, en él sentía que algo de si moría. Asustada la sirena se dispuso a buscar aquello que murió dentro y se alejó de su hogar, de todos aquellos que la amaban.

     Así fue como un  día la sirena se encontró cansada, abatida por tanta búsqueda y llena de rencor por no hallar lo que quería. Y poco a poco su belleza fue apagándose como el sol se esconde tras el ocaso, sus bellos rizos se crisparon, sus ojos claros se oscurecieron y sus labios se cerraron en una mueca de dolor. Perdió el rumbo de su vida, intentó por todos los medios volver a recuperar su vitalidad pero la interpretación solo era una sombra de aquello que fue.

     Fueron tiempos de lucha, tiempos de soledad, de miseria y hambruna. Nadie se acercaba a ella, todos la temía y poco a poco se fue quedando sola, triste y sin nadie.

     Dejó su cuerpo medio putrefacto a la deriva y se dejó morir, sola.

¡Pobre sirena que no supo ir allá más allá de su ignorancia, se dejó arrebatar por la tristeza y la oscuridad del egoísmo!.

     Y la marea la arrastró hasta la orilla de una playa, un día de invierno, junto a los demás escombros que los humanos tiran en el mar, junto a botellas, plásticos, latas ..... Y entre la basura la risa de una niña reinó entre tanta miseria. La pequeña iba saltando y jugando, mirando y tirando, hasta que llegó al cuerpo de la sirena y llamó a su padre, para que viera el tesoro que había encontrado.

-¡Papá! las sirenas existes, mira, aquí hay una.

El padre se acercó y le dijo que era un pescado grande muerto, que no se acercara a eso, que daba asco.La niña se miró a la sirena y le dijo:

-Pues para mi, eres una sirena y debiste ser muy bella, porque tienes el pelo muy largo, y todas las sirenas son muy especiales. No hagas caso a mi padre, no sabe lo que son las sirenas. Te llevaré al mar de nuevo para que puedas nadar junto a tu familia.

     Y la pequeña niña tiró del cuerpo de la sirena, lo cubrió de agua, le quitó la arena, peinó su pelo, limpió su cara y le cantó una canción. Así fue como la sirena nadó una vez más mar a dentro, conmovida y agradecida por la niña. Con la esperanza de volver a su hogar y vivir. Se comprometió a cuidar de los humanos, de la Tierra, su hogar y de todos sus hermanos.



Un legado tiene para nosotros y este es su mensaje para todos:

"Mi verdad es la verdad que todos los seres de luz van comunicando en el transcurso de los tiempos, la verdad remota y persistente de lo eterno y  omnipresente. Nuestra luz , vuestra luz y la  luz del mundo se debe a la divinidad que todos albergamos en el corazón como motor único de toda existencia, todos los seres del mundo la poseen ya que son han sido creados por la Gran Diosa Madre , fuente de creación.

Los humanos estáis cometiendo errores que se permiten por la disposición de vuestro libre albedrío, jugando a la vida . Todos tenéis una misión a cometer para establecer el orden divino y poder así crecer como Humanidad y junto a la Tierra. La opción de poder crecer juntos es vuestras ,  así lo elegís. 

Desde los mundos de los seres de luz albergamos la esperanza de que os dejéis inspirar por la razón divina, que llegue a vuestro corazón su soplo de amor, despertando del letargo inconfundible de la individualidad, la separación y el sufrimiento

Solo siguiendo esa llamada y trabajando para y con los demás, el corazón cura sus heridas y vibra en el amor y la compasión. El egoísmo, los celos ,la competitividad son nuestros propios enemigos que todos tenemos en la razón, pequeñas voces que nos alimentan en el miedo.

Conforme los siglos han pasado, habéis mostrado destrezas únicas en todas las artes, en la medicina, en música, pintura y literatura. Habéis aprendido las leyes físicas y las habéis aplicado a mejorar vuestro mundo con un detalle que no es correcto, a costa de los demás, a costa de otros seres humanos, de otros animales, plantas y minerales, a costa de empobrecer y extraer de la Tierra en vuestro único provecho y vanidad. Así el error está cometido y sólo vosotros podéis enmendarlo sanando todo aquello que habéis corrompido.


Los seres de luz estamos dispuestos a ayudaros, si así lo pedís. Habéis confundido la creación con el creador y os creéis creadores de vosotros mismo erradicando la mayor catástrofe aún por venir. Otras civilizaciones han habitado la tierra y han cometido este error a costa de su extinción. Tras el árbol de la sabiduría existe la posibilidad de enmendar el error y estamos a tiempo aún, no está todo perdido, aun podemos hacerlo. 

Os animo, corazones, a seguir la llamada que todos sentís  y dejar que el alma vuelva a reinar en vuestros cuerpos insuflándole de amor y satisfacción de realizar la tarea encomendada. No es fácil seguir la llamada porque es para seres valientes, honestos y sensatos que están dispuestos a dar su vida para llevarlo a cabo, con sus mejores resultados. El beneficio será para todos y todos seguiremos sus pasos. 

El camino no esta exento de vicisitudes , no es una camino plano y lleno de flores, en muchas ocasiones deberéis de luchar y conseguir a base de fe, lo que los demás os quitan sin remedio"

Autora: Marta Tadeo